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Sobre la situación del Ateneo Puertorriqueño

Así las cosas, en los últimos 5 o 6 años el Ateneo ha experimentado una crisis muy difícil de sobre llevar. Y en los últimos tres, el Ateneo se ha enfermado con el Presidente.

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Fachada de la sede del Ateneo Puertorriqueño en el Viejo San Juan.

Soy socio del Ateneo Puertorriqueño, Casa de la Patria, desde el año 1980.

Allí me crié como puertorriqueño, como persona de la cultura, como dramaturgo y hombre de letras. En las humildes paredes de esa casita árabe como le decía el Comandante Corretjer, pasaron muchos de los mejores… y peores momentos de mi vida. De los mejores no hablaré, pues son mi tesoro personal. Pero de los peores, habría una que otra cosa que decir, para que no se repitiesen.

Por mis méritos fui nombrado Director Ejecutivo de esa institución en 1986 y fui ratificado en mi cargo hasta mi renuncia por diferencias con el Presidente, en el año 2005. Entonces pasé a ocupar el puesto de Director Departamental, eso es la Rectoría del Conservatorio de Arte Dramático, la Dirección del Editorial LEA y el Archivo Nacional de Teatro y Cine. En dos ocasiones he sido parte de la Junta de Gobierno por muy breve tiempo.

Con los pocos recursos de que siempre disponía el Ateneo, y de los aún menos que se asignaban a mis tareas, hago lo que está a mi alcance para la Gloria de la CASA GRANDE.

Sin embargo, si bien durante los primeros 20 años bajo la Presidencia del Lcdo. Eduardo Morales Coll, se lograron proyectos excelentes e históricos para la preservación, fomento y difusión de nuestra cultura, como la consolidación de los Festivales de Teatro (magna tradición del Ateneo desde los años 60), los históricos certámenes artísticos y literarios, la lucha por el idioma, las numerosas tareas pedagógicas y universitarias y otras muchas que el Presidente asumió como suyas, los posteriores años se convirtieron en una dolorosa pesadilla.

NADIE debe Presidir una institución social, cultural o política por tanto tiempo. ¡En este año, Morales Coll cumple 33 años en la presidencia de la primera institución cultural del país! Esto no es para celebrarlo. Estos 33 años han impuesto un diseño de trabajo, una estructura inflexible y nada participativa, han impuesto un mandato casi monárquico y dictatorial de cómo hacer las cosas, cómo organizarlas y cómo realizarlas centralizado ÚNICAMENTE en el gusto y parecer de un Presidente. De hecho, los Estatutos de la institución, escritos por él, tienen esa evidente centralización del poder en la figura presidencial, negando a la Junta, sus socios y empleados, innumerables poderes que deberían ejercerse de manera colectiva, de consenso e incluyente.

Muchas fueron las veces en que le dije que tenía que irse de la Presidencia. No solo por lo que representa como decoro ante lo expuesto anteriormente, incluso por su deteriorada salud, que se afectaba más y más con su voracidad por el poder y el pernicioso delirio de persecución que conlleva.

Una vez sabido que no gozaba de la confianza de muchos socios, estudiantes y de muchos miembros de la Junta, las intrigas, conspiraciones y estratagemas en las asambleas y Juntas para proteger irracionalmente una Presidencia que ya no se le apreciaba, fueron la orden del día en la Casa de la Patria.

Ciertamente hubo muchos intentos de pedirle que se fuera por las buenas, y él se las arreglaba para volver, buscando y negociando apoyos aquí o allá. ¿Para qué?, me preguntaba yo, y tantos otros. ¿Qué puede impulsar a una persona a mantenerse en un puesto tanto tiempo cuando sabe que le hace tanto daño a la institución que dice representar? Pero el Presidente ya no lo era del Ateneo. ÉL era el Ateneo.

Así las cosas, en los últimos 5 o 6 años el Ateneo ha experimentado una crisis muy difícil de sobre llevar. Y en los últimos tres, el Ateneo se ha enfermado con el Presidente. Casi ninguna actividad, aparte del Teatro que se maneja a pesar de él, todos los directores de Secciones tienen que someterse a su criterio sobre las actividades, él decide todo, cuándo, cómo, dónde y con quién. Porque él le hace entender a todos, que él es el único que sabe cómo se hacen las cosas. Así no hay manera en el mundo que una institución progrese.

“¡¿Pero si la Junta me escoge, qué tú quieres que yo haga?” me replicó un día. A lo que yo le contesté, “pues dile a la Junta que ya tú convenciste para que te dé su apoyo, que ya no vas más. Uno debe saber cuándo se retira, cuándo ya ha hecho suficiente y se tiene que ir para dar paso a otras personas, y ese paso hay que darlo cuando uno como Presidente se convierte en un problema, más que en una solución”.

Y Morales Coll, en sus últimos 13 años de mandato fue un verdadero problema institucional. Recientemente el Contralor de Puerto Rico emitió un Informe sobre la administración fiscal del Ateneo desde el año 2009 al 2013, cuyo contenido el Sr. Presidente mantuvo oculto a su Junta y a sus empleados, aún habiendo recibido la orden del Contralor de que debía discutirse en el pleno de la Junta. Sobre todo porque TODOS sus directores tienen para con esos señalamientos una responsabilidad fiduciaria.

En esa misma autoprotección de los señalamientos del Contralor, Morales Coll contestó 25 páginas de su personal defensa, sin darle a conocer a la Junta el contenido de su contestación. Es obvio que se estaba defendiendo él, no a la institución.

Si el Presidente no quiere confiarle a su Junta lo que dice el Contralor de los manejos de su Presidencia, pues para qué entonces la Junta va a confiar en él? Máxime cuando él mismo ha dicho que TODOS LOS MIEMBROS DE LA JUNTA tienen RESPONSABILIDAD FIDUCIARIA en lo señalado. ¿Cómo la Junta de Gobierno de una institución puede asumir responsabilidad de unos señalamientos que no se le han notificado? Responsabilidad que incluso podría llevarse ante la Justicia.

Yo no he leído el Informe ni la contesta, (como empleado no tengo ese derecho), pero la Junta lo leyó apenas hace tres días, junto con la luenga contestación de defensa personal presidencial. Sé de segundas manos que la Junta quedó escandalizada con el Informe y con la contestación. Y luego de una sesión borrascosa en la que Morales Coll, de manera irracional se niega a dejar su puesto, finalmente la Junta le ofrece la transacción de una renuncia honorable.

En la reunión de ayer, en el trámite de quién sabe qué nueva estrategia, Morales Coll firma un documento de renuncia que entrega al Secretario y pide que se le den 30 días más, hasta el 5 de abril, para entonces hacer efectiva su renuncia. Algunos miembros de la Junta, de los que le han apoyado, en un dejo extemporáneo de piedad, se lo conceden.

¿Qué pasará en esos treinta días? ¿Qué intento hará para satisfacer esa ansia de poder que le subyuga cuerpo y alma? ¿Qué alianzas con algunas personas y situaciones hará, en vez de irse tranquilamente a su casa a reponerse su salud, a escribir, a velar por los suyos? A sus 76 años, ¿qué cosa desea seguir haciendo, que en 33 años de poder no realizó?

¿Por qué echó por la borda lo hecho bien, por mantener un poder que terminó destruyendo su reputación y su salud?

No lo sabremos nunca. Pero para muchos de nosotros en el Ateneo, socios, estudiantes, empleados, miembros de la Junta y ciudadanos en general, es un alivio que se haya firmado esa renuncia y es alivio la certeza de que no hará estrategias con sus «aliados ocultos» para regresar a la presidencia nuevamente, pero no es alivio pensar que pasará los últimos años de su vida torpedeando lo que hagan los nuevos presidentes que vengan tras él y que tienen como mandato, no permanecer en esa silla más de dos años.

Sabemos y estamos seguros que el nuevo Presidente, el Poeta Nacional Hamid Galib, honrará la institución a la altura de lo que esta significa para el país, como Morales Coll la honró en sus primeros 20 años. Solo que Galib no necesitará tanto tiempo.

Es una pena, muy lamentable, que un hombre que fue y es respetado por su buena obra, por su verticalidad, por sus hechos positivos y firmes por la Nación en los primeros años de su presidencia, hayan terminado… en esto.

Todo esto lo digo en el pleno uso de mi libertad de expresión como ciudadano puertorriqueño y socio del Ateneo cuyo derecho a la expresión de lo que pasa en la Casa de la Patria le está protegido por sus estatutos. Me supongo que como empleado me llevaré una reprimenda y quizá el despido de mi trabajo como acción última de los 30 días que le quedan en la Presidencia. Si es así, ya veremos cuán libre fue la “tribuna libre” del Ateneo. Y entonces todos me darán la razón.

Roberto Ramos Perea es un reconocido dramaturgo puertorriqueño. Preside el Instituto Tapia y es Secretario del Ateneo Puertorriqueño, donde dirige el Archivo Nacional de Teatro y Cine, funge como Editor General de la Editorial LEA y como Rector del Conservatorio de Arte Dramático.

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