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Brasil: Menores al servicio del crimen

En un esfuerzo por reducir el impacto de la creciente ofensiva antidrogas en el país, los criminales en Brasil están reclutando menores de 18 años.

“Además de representar mano de obra subordinada y más barata, la participación de un adolescente [en actos criminales] significa una oportunidad para que los adultos transfieran la responsabilidad a alguien protegido por la ley”, afirmó el sociólogo José dos Reis Santos Filho, del Centro de Estudios sobre Situaciones de Violencia y Alternativas Políticas en la Universidad Estatal de São Paulo.

En vigencia desde 1990, la Ley de Niños y Adolescentes protege los derechos de los menores de 18 años y les otorga impunidad penal parcial, ya que la máxima condena que un menor puede recibir en un centro de detención juvenil es de tres años.

La participación de menores en actos criminales se analiza en profundidad en el Séptimo Informe Anual del Foro Brasileño de Seguridad Pública, dado a conocer a principios de noviembre.

Por cada 100,000 adolescentes brasileños, 64.1 están detenidos en centros correccionales. Los delitos de narcotráfico representan un 26.6% (5,863) de los casos de encarcelamiento juvenil, sólo detrás del robo, con 38.1% de los casos.

En Salvador, capital del estado de Bahía, se reclutan menores para que vendan pequeñas cantidades de narcóticos y adviertan a los narcotraficantes sobre la presencia de la policía, según Claudenice Mayo, encargada del Distrito para Adolescentes Infractores (DAI) del estado.

En todo Bahía, se han arrestado un total de 21,951 menores entre 2006 y octubre de 2013.

“En la mayoría de los casos, hay un adulto detrás de los delitos cometidos por adolescentes”, afirmó Mayo.

El Ministerio Público se encarga de investigar los casos de este tipo, mientras que otros distritos intentan identificar a los “jefes” adultos. Sin embargo, Mayo reconoce que, en estos casos, rara vez se detiene a los adultos responsables.

“En cuanto a los menores, generalmente son devueltos a sus padres a la espera del juicio”, afirmó.

Chivos expiatorios

En algunos casos, los menores se entregan sin siquiera haber participado en un delito.

A principios de junio, en Río de Janeiro, un joven de 16 años se entregó a la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) en la favela Rocinha, y dijo que le había disparado al turista alemán Frank Daniel Baijaim, de 25 años.

Baijaim fue herido en la favela Rocinha el 31 de mayo. Horas después del hecho, se desplegó un amplio operativo policial para capturar al autor del disparo, y el incidente llegó a los titulares de los periódicos brasileños y de otros países.

Pero la declaración del menor se contradecía con la del amigo de Baijaim. De hecho, el adolescente ni siquiera sabía dónde había ocurrido el delito. Cuando se le presionó, confesó a la policía que un grupo de delincuentes había entrado por la fuerza en su casa y lo había obligado a entregarse.

“Dijo que había confesado la autoría del crimen porque los narcotraficantes querían que la policía dejara de realizar operativos en el área”, dijo el mayor Edson Santos, comandante de la UPP en Rocinha cuando ocurrieron los hechos.

En Río Grande do Sul, el narcotráfico representa un 40% de los menores arrestados en delitos flagrantes, según el Departamento Estatal para Niños y Adolescentes de la Policía Civil.

En Pernambuco, el narcotráfico es el delito más común cometido por menores, según el DAI de la Policía Civil del estado. Entre enero y octubre de este año, fueron arrestados 2,710 menores, un aumento de 407 casos en comparación al año anterior.

Los narcotraficantes se aprovechan de la fragilidad de los menores para atraerlos, según Olivia Melo, encargada del Departamento de Guía Familiar e Investigaciones de la Policía Civil de Minas Gerais.

“La mayoría de las veces, estos menores buscan autoafirmación dentro del grupo, o desean comprar ropa, vaqueros y bolsos de marca, dispositivos electrónicos, [entre otros]”, afirmó Melo.

Otros factores que facilitan su ingreso al mundo del crimen incluyen familias disfuncionales y el rechazo de amigos y otros grupos sociales, añadió la experta.

En casos como éstos, cuando los menores admiten la culpabilidad por un delito, ganan una mayor visibilidad entre sus pares en el mundo del narcotráfico.

“Asumir la responsabilidad es una muestra de lealtad e identifica al menor con el mundo del crimen”, dijo Reis Santos Filho. “Desde el punto de vista del menor, la perspectiva de participar en un crimen ‘adulto’ constituye un rito de iniciación”.

En vista del aumento de los casos que involucran delitos cometidos por menores, una encuesta solicitada por el Senado de Brasil en 2012 reveló que el 89% de los brasileños están a favor de reducir la edad de imputabilidad penal a 16 años.

Según Reis, reducir la edad de imputabilidad no resolverá el problema.

“El enfoque debe estar en la prevención e iniciativas de inversión para mejorar la calidad de la educación básica, la cultura, los deportes y las actividades de tiempo libre”, afirmó. “En lo relacionado a las leyes, tiene más sentido endurecer las condenas para los adultos que inducen o permiten que menores sean cómplices de sus delitos”.

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